Enfermedad Descompresiva

Uno de los principales escollos con los que nos encontramos al sumergirnos bajo el agua es el aumento de presión al que vamos a someter nuestro organismo. Esta mayor presión motiva que los gases que componen el aire inspirado, tengan unas condiciones de dilución en el organismo diferentes a las que tendrían en tierra. En concreto, es el nitrógeno, el gas que más problemas puede provocar al
buceador si no sigue unas correctas pautas de actuación, dando lugar a una serie de síntomas que constituyen la denominada enfermedad descompresiva, una de las dolencias más peligrosas del buceo.

A continuación abordaremos los problemas que presenta la enfermedad descompresiva y qué factores de prevención debemos tener en cuenta para evitar sufrir un accidente por descompresión.
También veremos algunas pautas que le ayudarán a realizar inmersiones más seguras. Ni que decir tiene que únicamente realizarán inmersiones que impliquen paradas de descompresión aquellos buceadores que dispongan de la formación y experiencia necesarias.

¿QUÉ ES LA ENFERMEDAD DESCOMPRESIVA?


La enfermedad descompresiva es el resultado de la aparición de nitrógeno en los tejidos del cuerpo como consecuencia
de la disminución brusca de la presión atmosférica.
Esta enfermedad se caracteriza por la aparición de pequeñas burbujas e inflamación a nivel subcutáneo, pero el síntoma
inequívoco es la aparición de un fortísimo dolor, que afecta a diversas partes del cuerpo. Ciertas regiones corporales
pueden sufrir parálisis transitoria y en ocasiones se producen lesiones permanentes e incluso la muerte.
El cambio brusco a un ambiente con menor presión provoca que todos los tejidos del cuerpo empiecen a liberar
nitrógeno que llevan disuelto y que por la disminución de presión ya no pueden retener (Ley de Henry).
Si la cantidad de nitrógeno liberado es excesiva, se formaran burbujas que al entrar en la circulación sanguínea pueden
provocar tapones y coágulos. Las obstrucciones que sufren los vasos sanguíneos, principalmente los capilares, impiden
que los tejidos puedan recibir la sangre y con ella el oxígeno vital. Los tejidos nerviosos son particularmente sensibles a
la falta de oxígeno. Dependiendo de cuales sean los tejidos afectados se establecen dos tipos de enfermedad
descompresiva.


¿QUÉ TIPOS EXISTEN?
Como indicamos en función de los tejidos afectados podemos hablar de enfermedad descompresiva tipo I, menos grave,
en la que nos encontramos con problemas o dolores musculo-esqueléticos y cutáneos. Mientras que el tipo II (más
grave) se refiere a problemas neurológicos, del oído interno y cardiopulmonares. La enfermedad descompresiva tipo I
no supone un peligro vital, sin embargo la enfermedad descompresiva tipo II supone una amenaza mortal y que
también puede dejar secuelas graves como parálisis. Ambos tipos pueden presentarse o no simultáneamente.


SÍNTOMAS DE LA ENFERMEDAD DESCOMPRESIVA
El principal problema con el que nos encontramos a la hora de detectar un
problema de descompresión es que no tienen porque aparecer todos los
síntomas, y algunos de ellos son idénticos a otros problemas no
relacionados con la enfermedad.
Síntomas ED Tipo I (musculoesqueléticos y cutáneos): manchas en la
piel, picores, dolores musculares desde una ligera molestia a un dolor más
profundo como si fuera un desgarro, y dolores en las articulaciones.

Síntomas ED Tipo II (neurológicos, cardiopulmonares): vértigo, ahogo,
sofocación, trastornos en el habla (dislexia, tartamudez, etc.), problemas
de visión (visión doble, disminución del campo visual, ceguera, etc.),
adormecimiento, hormigueo, debilidad muscular, parálisis, convulsiones y
muerte.



CÓMO PREVENIRLA
Para prevenir la aparición de problemas debemos seguir las tablas de descompresión, respetando tanto las paradas como
la velocidad de ascenso establecidas en ello. Para ello es importante establecer una correcta planificación.
El ordenador es una herramienta fundamental en este sentido, casi imprescindible, pero no debemos olvidar que siempre
se bucea con la cabeza. Los ordenadores más modernos hacen múltiples cálculos y realizan las correcciones oportunas,
pero no pueden tener en cuenta todos los factores de riesgo ni lo que hacemos antes y después de una inmersión.
Además un ordenador siempre se podría averiar en el momento más inoportuno. Por lo que debemos tener claro qué hay
que hacer en todo momento.
Además debemos tener en cuenta que existen ciertos factores de riesgo que aumentan las probabilidades de padecer una
enfermedad descompresiva. Estos factores de riesgo son el frío, el alcohol, la obesidad, la edad, el cansancio, el
ejercicio físico durante y posterior a la inmersión y el consumo excesivo de aire. Para las personas con estos factores de
riesgo lo mejor es no hacer inmersiones que requieran paradas de descompresión e incluso, todavía mejor, no acercarse
a la curva de seguridad, de lo contrario habrá que establecer las correcciones oportunas en los cálculos de
descompresión.

PLANIFICAR LA INMERSIÓN
Sea como sea la inmersión que vayamos a realizar, resulta necesario que la planifiquemos con antelación, tratando de no
dejar ningún cabo suelto. Esta es la única forma de garantizar que no habrá imprevistos desagradables.
Para esta planificación deberemos tener bien claros cuáles son los objetivos de la inmersión, qué es lo que queremos
hacer o ver bajo el agua, durante cuanto tiempo, en qué condiciones… Además trataremos de reunir toda la información
que nos resulte posible acerca de la zona de inmersión y sobre la climatología reinante.
En caso de que la inmersión se realice en grupo, cada uno deberá tener bien claro lo que tiene que hacer, al tiempo que
deberá disponer de la mayor cantidad de información posible sobre las características de la zona donde se va a sumergir.
En las bajadas en grupo resulta muy importante tener bien previstas las paradas de descompresión, puesto que si todos
estamos realizando la misma inmersión, todos deberemos parar en el mismo momento, lo que puede provocar
auténticos y desagradables atascos en el cabo del ancla. Por eso en estos casos, siempre es recomendable que además
del cabo del ancla, larguemos por la borda uno o dos cabos de descompresión con un peso al final (la cantidad siempre
estará en función del número de personas que realice la inmersión). Cada buceador deberá tener bien claro el cabo que
le corresponde para la ascensión, de manera que no coincidamos todos en el mismo.
Ni que decir tiene que una vez haya comenzado la inmersión y mientras se desarrolla la misma, deberemos seguir
fielmente la planificación realizada con anterioridad, para que todos se sientan seguros y se eviten innecesarias
situaciones de peligro. 

DESCONFIAR DEL EQUIPO
En una inmersión que requiera de paradas de descompresión es especialmente importante
revisar el correcto funcionamiento del ordenador de buceo. Debemos tener presente que se
trata de una máquina y como tal puede tener fallos (aunque no resulte algo habitual, por
suerte, y en la mayoría de los casos vengan motivados por un incorrecto uso del aparato).
Por supuesto, no nos olvidaremos de comprobar las baterías antes de la inmersión, aunque
pueda parecer algo absurdo, no sería el primero que se queda sin sumergirse por culpa de
las baterías de su ordenador.
Por muy “atrasado” que pueda parecernos en estos días en los que los ordenadores de buceo
han alcanzado el mayor grado de sofisticación técnica, llevar con nosotros unas típicas
tablas de descompresión puede sernos de gran ayuda en determinados momentos. Con ellas
y un reloj con profundímetro podremos salir airosos de cualquier situación.
Por supuesto, para poder utilizar las tablas bajo el agua deberemos realizar previamente un
“repaso” de las mismas, principalmente las del cálculo de sucesivas. Ante una situación
extrema nos servirá de gran ayuda haber realizado un breve repaso. Por otro lado y en relación con el uso del ordenador de buceo, siempre recomendamos el uso de un ordenador para cada
buceador. En las inmersiones que requieren descompresión no resulta adecuado compartir un mismo ordenador: por
muy juntos que ambos buceadores realicen la inmersión, nunca será algo exacto y, teniendo en cuenta que estos
aparatos recogen el factor de profundidad incluso al centímetro, siempre existirán variaciones en el perfil de inmersión
de cada uno. Está claro que estas variaciones no serán muy grandes, pero puede llegar a existir hasta 3 minutos de
diferencia entre ambos (en cuanto a tiempo de parada de descompresión). 

EL ASCENSO
Por supuesto, la parte que más deberemos planificar de nuestra inmersión es la del ascenso.
Hay que garantizar que todos los submarinistas tendrán un lugar por donde ascender y que
podremos hacerlo sin interrumpirnos los unos a los otros.
El elemento más importante para un correcto ascenso es el cabo, el cual nos servirá para subir
de forma cómoda, asegurándonos que alcanzaremos superficie en el lugar deseado. Además
es una garantía de seguridad si colocamos en él la botella de emergencia de la que
hablábamos antes.
Por eso es tan importante que sepamos elegir el lugar exacto donde queremos colocar el cabo
y no alejarnos en exceso de él para asegurarnos de que no lo “perdemos”.
Como hemos dicho, cada buceador deberá saber por dónde debe ascender y en qué momento,
de tal manera que no se alejará del cabo por el que deba subir a la superficie.
Si no puede garantizar que se mantendrá lo suficientemente cerca del cabo como para no
perderlo, lo mejor es que sea precavido y garantice su seguridad llevando con usted un globo
de descompresión con el suficiente cabo y lastre, que le ayudará al ascenso, al tiempo que
podrá servir como referencia para hacer con más facilidad las paradas de descompresión. A la
hora de comprar su globo, tenga en cuenta que éste deberá tener una capacidad mínima de 25
litros, permitiendo que se cuelguen de él al menos dos buceadores con poca experiencia.
Existen en el mercado globos especialmente pensados para la descompresión, que funcionan realmente como boyas, que
nos permiten ser visualizados a grandes distancias. Ni que decir tiene que para su correcto uso deberemos tener alguna
experiencia previa.
De cualquier manera, no podemos pensar que con alcanzar el cabo está todo solucionado, existen situaciones en las que
el agua está muy agitada y hace que la embarcación se mueva constantemente y con ella, el cabo. En estos casos no
deberemos agarrarnos a él, puesto que todos estos vaivenes pueden suponer diferentes cambios de cota que pueden
resultar muy peligrosas para una correcta descompresión. Si le sucede algo así, utilice el cabo como guía de posición,
sin agarrarse a él.
Los buceadores más experimentados suelen llevar un elemento denominado “cordón umbilical” , se trata de una cinta
que mide entre 1,5 y 3 metros y que cuenta con un mosquetón en cada extremo: por un lado se sujeta al cabo de fondeo
y por el otro nos sujetamos por medio de alguna anilla de nuestro chaleco. Este cordón sirve para mantenerse en
contacto con el cabo pero evitar sus sacudidas en situaciones como la antes expuesta o bien para cuando el cabo se
encuentra saturado de buceadores que realizan su descompresión. 

OTROS CONSEJOS
A la hora de realizar sus inmersiones con paradas de descompresión, tenga en cuenta además estos consejos:
– No se recomienda realizar más de dos inmersiones diarias que requieran descompresión. En los casos de
cruceros de buceo en los que se realizan inmersiones durante varios días consecutivos, se recomienda
descansar en alguna de las jornadas.
– Revise el estado de la mar: un mar agitado o con corrientes puede provocar variaciones en las paradas de
descompresión.
– Es recomendable realizar una parada profunda a la mitad de la profundidad alcanzada, que dure entre 1 y 3
minutos.
– En caso de haber buceado bajo alguna situación de riesgo (primeras experiencias, esfuerzo físico, frío…),
deberemos aumentar ligeramente las paradas de descompresión; siempre y cuando dispongamos de aire
suficiente.
– Bucee con nitrox o realice sus descompresiones utilizando EAN 40.
– Tenga en cuenta la suma importancia de una correcta velocidad de ascenso, no tenga prisa, realice la ascensión
lentamente.
– Como medida de seguridad, resulta recomendable dejar una botella con un regulador provisto de varias
segundas etapas colgado del cabo de descompresión (a 3 metros, teniendo en cuenta que es donde se realiza la
parada más larga). Casi con seguridad no la necesitaremos, pero en algunos casos nos podrá ser de gran ayuda
y de cualquier manera siempre nos servirá para bucear con total tranquilidad, pensando que el tema del aire lo
tenemos “resuelto”. 

Por último, no nos cansaremos de recomendar la absoluta necesidad de respetar el plan de inmersión que habremos
establecido de antemano. Pueden aparecer situaciones extremas que nos lo impidan, pero sólo nos lo saltaremos cuando
no nos quede otra opción.
0